Hablar de inclusión, igualdad de oportunidades y derechos es sencillo cuando se hace desde un discurso. Lo difícil es mirar la realidad de frente y preguntarse cómo hace una persona con discapacidad para vivir con apenas 250 mil pesos mensuales en la Argentina actual.
La respuesta parece tan evidente como dolorosa: no alcanza.
Detrás de cada pensión o ingreso destinado a una persona con discapacidad existe una historia de vida, una familia que acompaña y necesidades que muchas veces son mayores que las de cualquier otro ciudadano. Medicamentos, tratamientos, traslados, estudios médicos, elementos de apoyo, alimentación especial y una larga lista de gastos forman parte de la vida cotidiana de miles de argentinos.
A esto se suma un problema que pocas veces se menciona. Cuando los recursos son insuficientes, muchas personas terminan consumiendo alimentos más económicos pero de menor calidad nutricional. La fruta, la carne, los lácteos y otros productos fundamentales para una alimentación saludable suelen quedar relegados frente a opciones más baratas y menos saludables.
La consecuencia es preocupante. Personas que ya enfrentan condiciones de salud complejas deben convivir además con una alimentación que muchas veces no es la adecuada para sus necesidades. No porque lo elijan, sino porque el dinero simplemente no alcanza.
Resulta contradictorio que como sociedad reclamemos inclusión mientras permitimos que miles de personas con discapacidad vivan por debajo de una línea de ingresos que apenas cubre una parte de sus gastos básicos. La discapacidad no debería ser sinónimo de pobreza ni de resignación.
Es necesario que quienes toman decisiones comprendan que detrás de cada número hay personas reales. Personas que necesitan alimentarse bien, acceder a medicamentos, trasladarse a sus terapias y vivir con dignidad.
La verdadera inclusión no se mide por los discursos ni por las campañas publicitarias. Se mide por la capacidad que tiene una sociedad de garantizar que sus sectores más vulnerables puedan vivir dignamente.
Y hoy, con ingresos de apenas 250 mil pesos mensuales, además del bono de 70 mil que no se aumenta desde hace dos años, la pregunta sigue sin respuesta: ¿cómo hace una persona con discapacidad para llegar a fin de mes?





