Por: Silvia Ferrario
Mi alma comienza a llorar,
cuando alguien que uno adora tanto
quizás pronto tenga que marchar.
Quisiera detener los días,
pedirle al cielo una oportunidad,
regalarte un poquito de mi vida
y abrazarte por toda la eternidad.
No sabés cuánto te quiero, amigo,
cuánto bien me hizo tu presencia,
cuántas veces me alcanzó tu cariño
para aliviar mis penas y mi soledad.
Cuánto reímos y conversamos en tantos años de amistad
Si pudiera, te daría mis fuerzas,
mi energía , mi tiempo y mi amor,
para que nunca te falten caricias
ni se apague la luz de tu corazón.
Y si llega ese día que tanto temo,
si la vida nos va a separar,
quiero que sepas que aquí, en mi pecho,
siempre tendrás un lugar.
No quiero que te vayas sin saberlo,
no quiero callarme esta verdad:
te adoro, mi querido amigo,
y eso nadie lo podrá borrar.
Porque hay personas que dejan huellas
que ni el tiempo consigue borrar,
y vos sos una de esas almas
que mi corazón siempre va a guardar.
Si mis palabras pudieran abrazarte, calmar ese gran dolor que atraviesas
te abrazaría una y mil veces más.
Y si el amor pudiera salvarte,
te juro que no te dejaría partir.





