«Más que un símbolo: por qué Evita debería estar en cada despacho peronista», expresiones de María Elena Gigliotti

  • Militante peronista de la ciudad de Bragado

En el marco de un nuevo aniversario del fallecimiento de Eva Perón, la militante peronista María Elena Gigliotti compartió una reflexión en la que reivindica la figura de Evita como símbolo de la justicia social, la defensa de los sectores más vulnerables y la participación política de las mujeres. A través de un texto con fuerte contenido político, sostiene que el legado de Eva Perón continúa siendo un parámetro para evaluar la coherencia de quienes hoy ejercen responsabilidades públicas en nombre del peronismo

Antes que una figura histórica, Evita fue una forma de entender la política: del lado de quienes menos tienen, de quienes más necesitan, de quienes durante demasiado tiempo fueron invisibles.

Enfrentó a los poderosos, soportó el desprecio de muchos y jamás dejó de defender a los más humildes. Nos enseñó que el poder solo tiene sentido cuando se pone al servicio del pueblo.

Pero Evita también abrió un camino para millones de mujeres. Demostró que la política no era un espacio reservado para unos pocos ni un lugar exclusivo para los hombres. Con su lucha conquistó derechos, impulsó la participación política de las mujeres y les dio una voz que durante demasiado tiempo les había sido negada.
Y, sin embargo, a pesar de Evita, las mujeres seguimos teniendo que pelear para ser escuchadas. Seguimos encontrando espacios donde nuestra voz incomoda, donde nuestra participación se limita y donde las decisiones vuelven a tomarse entre unos pocos. Todavía hay quienes prefieren mujeres que aplaudan antes que mujeres que piensen, propongan y transformen. Esa no es la herencia de Evita.

Por eso creo que toda persona peronista que ocupa un cargo público debería tener una foto de Evita en su oficina. No como un adorno, ni como un gesto de nostalgia, sino como un recordatorio permanente de por qué y para qué elegimos ser peronistas.

Que cada decisión se tome mirándola a los ojos. Que su imagen les recuerde que el peronismo no nació para administrar privilegios, ni para justificar ajustes, ni para darle la espalda al pueblo en nombre del pragmatismo. Nació para ampliar derechos, cuidar a quienes más lo necesitan y garantizar que las mujeres tengan una participación real, con voz, con poder y con capacidad de decisión.

Y si alguna vez una decisión contradice esos principios, quizás haya llegado el momento de dejar de hablar en nombre del peronismo. Porque no alcanza con cantar la marcha, levantar una bandera o citar a Perón y a Evita. Hay que honrar su legado con hechos.

Evita no es una postal del pasado. Es una vara con la que todavía se mide la coherencia. Y esa vara sigue dejando en evidencia a quienes usan el nombre del peronismo, pero gobiernan de espaldas al pueblo, olvidando que sin justicia social, sin igualdad y sin mujeres participando plenamente, el peronismo pierde una parte esencial de su razón de ser.

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